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Negocios que mueren y otros que reviven con el coronavirus

Lo estamos viendo día a día: la panadería de debajo de casa de pronto comienza a vender harina, miel y demás productos que antes no estaban en su catálogo; los restaurantes se empiezan a animar a entregar los productos de su carta a domicilio ante una hecatombe sin precedentes. La pandemia del coronavirus va a tener un impacto tal en la economía mundial y los hábitos que probablemente no conocemos el mundo que viviremos en unos pocos meses.

¿Cómo evolucionarán los negocios? A día de hoy resulta casi imposible vaticinar cómo será nuestro futuro inmediato, pero sí podemos echar un ojo a lo que está sucediendo ahora mismo a las empresas más ligadas con el comportamiento del consumidor.

¿El fin de AIRBNB?

Si hay un negocio que ha visto truncadas sus expectativas de forma radical es Airbnb y similares, y con unas consecuencias mucho más graves que el perjuicio en su propia cuenta de resultados. Aunque no hay cifras oficiales, se estima que cerca del 90% de las reservas en la popular plataforma han sido canceladas (sin coste para el usuario, lógicamente).

Como apuntamos, el drama para los inversores es comprensible, pero nada comparable para el que están viviendo quienes dependen íntegramente de los ingresos provenientes de Airbnb. Sí, hay miles de propietarios de alojamientos que pasarán de vivir de la plataforma a tener literalmente cero ingresos, y lo peor es que no hay ni fecha ni perspectivas de recuperar el ritmo habitual de alquileres.

El inesperado regreso de los autocines

Sin saber todavía a ciencia cierta cómo hacer frente a los contagios y ante la perspectiva de nuevos brotes, la única estrategia fiable y efectiva hoy en día ante el coronavirus es el aislamiento social. Alejarse de nuestros semejantes a no menos de 2 metros y lavarse bien las manos son las dos medidas que se han demostrado eficaces y que, como podrás suponer, van totalmente en contra de los hacinamientos y el agrupamiento de gente, algo necesario en un cine.

¿Volveremos a ir al cine algún día? Por el momento y sin fecha que lo remedie, no. Ir al cine no será posible y, de hecho, en Estados Unidos están reviviendo los autocines, en los que disfrutas de las películas en la protección de tu propio coche. ¿Y en Europa? A día de hoy no hay una transformación posible que rescate a las salas de cine que deberán seguir cerradas y sin solución de continuidad.

La consolidación del teletrabajo

La pandemia ha transformado de la noche a la mañana y por una mera cuestión de fuerza mayor, la forma en la que trabajamos. De pronto millones de personas se han visto obligadas a montar sus despachos en casa y los servicios de VPN se han visto desbordados atendiendo altas. Y los empleadores se encontrarán con una inesperada conclusión cuando todo este infierno vea su fin: hay muchos puestos, si no la mayoría, que pueden desempeñarse desde casa y eliminando la necesidad de contar con un puesto físico en una oficina.

¿La siguiente deducción? Las empresas podrán volver a calcular sus necesidades de espacio físico con el consiguiente ahorro inmobiliario.

El radical giro ‘verde’ de las ciudades

Consecuencia de lo anterior, las ciudades han visto cómo sus atmósferas se han limpiado en apenas unos pocos días: ni boinas grises ni aires con olor a diésel, de pronto, las urbes huelen a pueblo y de pronto, las bicicletas reclaman su espacio. Las tiendas de ventas de bicis no dan abasto ante la avalancha de pedidos, pero… ¿Por qué de pronto se venden tantas bicis? Hay dos teorías de peso que explicarían este inesperado boom: por un lado, la necesidad de hacer ejercicio derivada por el confinamiento pero, por otro, y con unas consecuencias de mayor alcance, la gente huye del transporte público en las ciudades para evitar contagios y recurre a la bicicleta de toda la vida.

Este medio de transporte de dos ruedas no contamina, no provoca atascos y garantiza el cotizado aislamiento social que ahora se impone; tan grande está siendo el cambio de hábitos que ciudades como Berlín se han visto obligadas a trazar carriles bici con urgencia para dar servicio a las miles de bicicletas que de pronto han invadido la ciudad.

Como ves, hay una cara y una cruz en esta transformación forzosa; muchos negocios desaparecerán o se verán obligados a cambiar para siempre, mientras que otros resurgirán con fuerza. Lo que está claro es que nada será ya lo mismo, y tampoco tiene por qué ser esto tan malo.

 

FUENTE: www.yahoo.com

 


 

 

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